El punto de partida se sitúa en la aparición de nuevos riesgos asociados a la transformación tecnológica de las instalaciones industriales, especialmente en ámbitos como la generación fotovoltaica o la movilidad eléctrica.
Estos nuevos escenarios plantean un reto clave: garantizar la sostenibilidad del modelo de transferencia de riesgos en entornos cada vez más complejos. La pregunta que guía este proceso es clara: ¿cómo anticiparnos antes de que el problema ocurra?